Realizan acciones solidarias en homenaje al Cura Brochero

San José Gabriel Brochero realizó dos milagros comprobables que le otorgaron el título de santo. Fue canonizado hace cinco años, un 16 de octubre de 2016 por el papa Francisco, en un acto histórico para nuestra Provincia y para Argentina, ya que fue la primer persona nacida y fallecida en nuestro país en obtener ese rango eclesiástico.

Pero su obra trasciende ampliamente esos dos milagros. Fue un hacedor: de escuelas, capillas, rutas y caminos. Acompañó a pobladores del Valle de Traslasierra durante sus 74 años de vida y recorrió rutas intransitables para una camioneta de tracción 4 X 4 a lomo de mula para llevar provisiones y alimentos a los parajes más recónditos de las serranías cordobesas.

Brochero, rebautizado como “el Cura Gaucho” fue un poco de cada cosa. Llevó progreso junto a la palabra de Dios. Generó, entre otras cosas, una vía de conexión con San Pedro, en Villa Dolores, para enviar por tren alimentos autóctonos de la región para vender en Buenos Aires.

Un grupo de fieles devotos crearon una agrupación llamada “Peregrinos por Brochero”, con la que buscan, mediante caminatas emblemáticas que unen puntos clave en la historia del “curita”, homenajearlo, conmemorarlo y en especial, agradecerle.

“Es un agradecimiento, un reconocimiento, a toda su obra, no solo a lo religioso. Es darle las gracias por la vida, por nuestros seres queridos, por el trabajo. Así como le pedimos, también hay que agradecerle. Es el amor a nuestro santo que nos lleva a hacer cosas increíbles que ni siquiera nos damos cuenta”, explicó el presidente de la asociación, Favio Villareal.

Villareal tiene 52 años, es trabajador de la construcción, vive en Mina Clavero y le debe a Brochero, entre otras cosas, el reencuentro y el porvenir de sus hijos: “Me separé hace 18 años. Tenía dos hijos y Brochero me apoyó en ese proceso difícil de mi vida. Han salido buenos hijos y buenas personas. Me ayudó a recuperarme de ese golpe duro y a poder recuperarme y reencontrarme con mis hijos y que mis hijos estén bien y sean hombres de bien”.

Peregrinar para agradecer

Así como él, otras 17 personas integran esta asociación (que está en busca de su personería jurídica) que hasta tiene un imitador del Cura, con rasgos faciales similares, que se viste como él y hace las veces de Brochero para evocarlo en alguna festividad o para realizar algún saludo en fechas especiales. “A mi dicen el loco, porque hago este tipo de locuras lindas”, reconoce Favio. Y vaya si tendrá motivos para haberse ganado ese apodo.

El sábado realizaron una peregrinación de 15 kilómetros por la cuesta vieja, que es la que usaba el cura desde Panaholma hasta Villa Cura Brochero. Allí iba a la casa de la familia amiga Recalde, y es en dónde él construyó su última capilla que no pudo ver terminada. En Panaholma atendía a los pobladores del norte junto a sus ejercitantes (especie de seminaristas que realizaban con él ejercicios espirituales y lo acompañaban en sus cruzadas serranas)

El grupo está conformado por 18 personas de manera estable, en su mayoría de Traslasierra, aunque también hay miembros de Córdoba. Pero en cada actividad se suman peregrinos de todo el país, llegando en casi todas las peregrinaciones a sumar entre 30 o 40 caminantes. Realizan obras de solidaridad, pintan iglesias, acompañan a quien los necesite. Son algo más que simples caminantes.

Año de por medio unen el lugar en donde nació y el lugar en el que falleció Brochero: desde Villa Santa Rosa a Villa Cura Brochero (270 kilómetros). Todos los 16 de marzo, en recuerdo del natalicio del santo, realizan una peregrinación desde Córdoba a Villa Cura Brochero (180 kilómetros). Lo hacen desde hace 12 años y les lleva cinco días. El año siguiente, harán a la inversa: desde Cura Brochero hasta Villa Santa Rosa. En este caso demoran ocho días. Los peregrinos son bien diversos: desde jóvenes hasta personas mayores, de más de 70 años.

“Cuando uno llega a Brochero se te pasan todos los dolores. No hay bicicletas, ni motos ni caballos. Todo caminando”, explica Villareal sobre el cansancio, inevitable ante semejantes travesías.

Aquella madrugada histórica

Villareal recuerda el momento en el que se dio, finalmente, y luego de un largo proceso por parte de la Iglesia Católica la canonización de Brochero: “Hace cinco años estaba en mi casa esperando a que pare la lluvia, a la medianoche amainó, hacía mucho frío, y nos fuimos peregrinando desde Mina Clavero hacia Cura Brochero. Hicimos la vigilia toda la noche, hasta que el papa lo nombra santo. Fue una alegría inmensa, el corazón se me salía por la boca. Aunque en nuestro corazón Brochero ya era Santo”.

Este sábado hubo fiesta en el lugar en el que echó raíces el santo cordobés. Un poblado que crece y prospera de la mano tendida invisible de su eterno protector. Hubo misas, celebraciones y festejos.

En pocas palabras, se le pide a Villareal que defina qué es y qué representa el cura en su vida. Las palabras le fluyen, le nacen del alma, le salen del corazón: “Brochero es paz, amor, tranquilidad. Saber que uno se puede aferrar a alguien que siempre te acompaña, te tiende la mano, te cuida y te protege. Una luz y una guía. Es mi familia, mi vida. Es todo”.

Hay personas para las que Brochero es todo. Y por él son capaces de hacer cosas como estas: irracionales desde lo humano, comprendidas y justificadas solo a través de la fe.

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