La historia de Ulises Sánchez… desde sus comienzos a la actualidad en el «Pirata»

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A partir del buen comienzo de Belgrano de Córdoba en el fútbol de la Liga Profesional, una nota llamó la atención de nuestro medio, a partir de una entrevista que el sitio www.lasaeta.com.ar, le realizó a Ulises Sánchez.

Uno de los jugadores que con su andar parejo desde lo futbolístico, fue confirmado dentro del 11 titular del equipo de Guillermo Farré.

Pero más allá de lo futbolístico, lo importante de la entrevista para quienes lo conocen a Ulises, rescatan su crecimiento no sólo en lo deportivo, sino en sus valores humanos, que no perdió desde su niñez.

Todo lo que logró, indudablemente que fue gracias a esa formación, que hoy le permite estar en un Club de la primera división del Fútbol Argentino.

Recuerdos, anécdotas, historias… su vida contada desde su nacimiento en la localidad de Seeber, su paso por Brinkmann cuando jugaba en Centro Social, posteriormente en las inferiores de Colón de Santa Fe, para terminar en el «Pirata»….

Foto (el segundo de derecha a izquierda en la parte inferior, con la mano sobre su rodilla)

Foto actual: Prensa Club Atlético Belgrano

Nota completa www.lasaeta.com.ar

Desde los tres y hasta los cinco años, se colocó inyecciones para combatir un principio de asma. Pasó por cinco escuelas de cuatro ciudades diferentes, con tal de terminar el primario y el secundario. Cuando tenía 13, armó el bolso y abandonó Río Segundo para instalarse en la pensión de Colón de Santa Fe. Con 14, una vez que se frustró el plan “sabalero”, se probó durante más de un mes hasta quedar en Belgrano. Más tarde, ya devenido oficialmente en jugador “pirata”, jugó en absolutamente todos los sectores de la cancha: fue delantero, mediocampista y defensor.

Hijo de un camionero y una docente, Ulises Sánchez supo el significado de la palabra sacrificio desde el día en que se asomó al mundo. Porque hasta respirar con tranquilidad fue, en sus primeros años de vida, un enorme desafío.

“Cuando tenía tres años, me fui a hacer controles porque se me cerraba mucho el pecho, y me diagnosticaron asma. La pasaba realmente mal, sufría. Hice un tratamiento de cerca de dos años, que consistía en ponerme inyecciones todos los meses. Iba al dispensario que había en mi pueblo y me atendían. Después, en la adolescencia, me seguía molestando un poco. Y ahora me pasa un poquito cuando hay cambio de clima, pero nada importante como para que me impida entrenarme o jugar”, le cuenta el mediocampista del “Celeste” a LA SAETA.

Para poder sortear la enfermedad pulmonar, además de medicina tradicional, le recetaron dosis de un remedio infalible contra cualquier mal que pueda sufrir un niño de cualquier rincón del planeta: una pelota de fútbol. Laura Scotta, su mamá, recuerda cómo vivieron ese proceso en Seeber, el pueblo natal de ambos, que está ubicado a 271 kilómetros de la ciudad de Córdoba y que, según el último censo, tiene casi 1000 habitantes.

“Me acuerdo de que lo llevé a un alergista en Córdoba y me dijo que tenía principio de asma. Así que, empezó con el tratamiento ese de las vacunas, y se iba solito en bicicleta al hospital del pueblo, que estaba a una cuadra: había una sala de primeros auxilios, con médicos, enfermeros. Al medicamento lo compraba en Córdoba, en la (Clínica Universitaria) Reina Fabiola, y le duraba un mes. Y, aparte, me dijeron que lo haga hacer deportes como natación. Pero ni en Seeber ni en la zona había natación en invierno, ni piletas climatizadas. Por eso, decidimos mandarlo a fútbol, que era algo que a él le encantaba. Entonces, desde los tres años ya empezó a entrenarse lunes, miércoles, viernes y jugaba los sábados. Y eso le ayudó mucho en su recuperación”, narra la madre del futbolista de 24 años.

Como en Seeber no había dónde jugar a la pelota del modo en que requerían su pasión y su tratamiento, el pequeño Ulises viajó todas las semanas, hasta los 10 años, a Brinkmann, una ciudad vecina situada a 14 kilómetros.

“Seeber era tan chiquito, que no tenía adónde ir –remarca el volante del club de barrio Alberdi-. Así que me fui al Centro Social y Deportivo Brinkmann, y ahí jugué hasta los 10 años, cuando nos vinimos a vivir a Río Segundo. Después, estuve un año entrenándome en Río Segundo, en Asociación Juventud Católica, y viajaba a Brinkmann los fines de semana solo para jugar: iba en colectivo, en un viaje que duraba por lo menos tres horas. Y, al año siguiente, sí jugué cerca de seis meses para Juventud Católica. Y ya después surgió lo de Colón”.

El “Sabalero” fugaz
El torneo Amistad de Oro es un reconocido certamen de fútbol infantil que, desde hace más de 30 años, organiza el Centro Social y Deportivo Brinkmann. Así como alguna vez participaron equipos de la talla de River y Boca, todavía lo hacen instituciones del calibre de Talleres, Belgrano y Racing de Avellaneda. Y, al igual que jugadores como (Ezequiel) Equi Fernández y Luca Langoni, Ulises Sánchez formó parte de este campeonato, y fue ahí donde lo sedujeron desde “el Sabalero”: “Jugando el Torneo Amistad de Oro, la gente de Colón se comunicó con mis viejos y les dijo que estaban interesados en mí. Estuve dos o tres años jugando para ellos en los torneos que se hacían en las ciudades, sin dejar de jugar para el club de Brinkmann. Y después, en novena de AFA, pasé oficialmente a Colón y me fui a vivir a la pensión. Estuve como un año, pero por algunas situaciones que pasé, me volví”.

—¿Cómo fue la experiencia de, siendo tan chico, vivir en la pensión de un club de otra provincia?
—Fue muy duro, porque yo soy muy familiero y extrañaba mucho. Me tocó ir a la pensión que estaba en el centro de la ciudad, y éramos como 15 o 20 chicos de edades distintas. Adentro de la pensión, a veces me faltaba ropa o alguna otra cosa. Y, una vez, volviendo del colegio me quisieron robar. Yo iba al cole con un compañerito de mi edad, pero ese día no sé si él se había enfermado o qué le había pasado, pero la cuestión es que fui solo. Y a la vuelta, un tipo de unos 18 o 20 años me empujó para la entrada de un edificio, me apuró y le dije que no tenía nada; tenía solo la mochila y los útiles. Cuando les conté a mis viejos lo que había pasado, no quisieron saber más nada y pegué la vuelta.

Aunque la estadía en tierras santafesinas arroje un saldo desfavorable, su mamá Laura, docente de Matemáticas en la escuela Manuel Belgrano de Río Segundo, deja en claro que, en esos casos, el único cálculo posible es aquel cuya sumatoria de los factores arroje siempre un único resultado: la felicidad de los hijos.

“Él solo quería jugar al fútbol. En su mente, su objetivo estaba muy claro y yo no me podía oponer a eso. Así que, lo único que hicimos nosotros como familia fue acompañarlo en ese proceso. Él siempre, de chiquito, tuvo esa idea fija. Nunca tuvo juguetes, no quería. Todo eran pelotas, botines y zapatillas. Y, además, lo íbamos a visitar los fines de semana o cada 15 días, y algunos familiares míos que viven allá lo iban a ver o lo sacaban a pasear”, enfatiza quien, además, prepara alumnos para el ingreso a la universidad.

Desembarco “pirata”
Como lo había hecho hasta entonces, ante la adversidad, Ulises Sánchez se puso en movimiento. Aprovechó un contacto de uno de sus tíos e insistió con sus sueños de ser futbolista.

“Mi tío Pablo, hermano de mi mamá, conoce a (Daniel) Primo, que en ese momento era el coordinador de inferiores de Belgrano. Me consiguieron una prueba, y fui dos o tres días con otros chicos a los que solamente nos estaban probando. Y después, cuando Belgrano empezó la pretemporada, la hice con ellos pero yo iba con mi ropa. No sé si era porque no tenían mi pase o qué problema había, pero lo cierto es que estuve como un mes y medio entrenándome con ellos y no era algo seguro. Al final se me dio y entré en octava de AFA y, desde entonces, estoy en Belgrano”, relata quien firmó su primer contrato profesional el 23 de julio de 2019.

Con el antecedente de lo ocurrido en Santa Fe, Ulises decidió que, en Belgrano, iba a recorrer todas las semanas los casi 50 kilómetros que separan Río Segundo de Córdoba capital. Lo hizo en auto, cuando pudo coincidir con los papás de algún compañero, y lo repitió en los más de dos años en que debió madrugar para llegar en colectivo.

“Hubo años en que íbamos varios chicos de la zona, entonces se turnaban mi viejo y otros padres y nos llevaban en auto –rememora-. Pero durante mucho tiempo me tocó viajar en bondi, y lo tenía que tomar a las 5.40 de la mañana para poder llegar a las 8: tenía una hora hasta la Terminal de Ómnibus de Córdoba, después me tomaba un diferencial que me dejaba en la YPF de Villa Esquiú, y de ahí hacía dedo hasta el predio”.

Huber Sánchez nació en Río Segundo y fue siempre camionero de larga distancia. Pero, por un trabajo en la Dirección Provincial de Vialidad, llegó a Seeber, una pequeña localidad agrícola-ganadera que, sobre la ruta provincial 17, se transforma en el último pueblo antes de llegar a Santa Fe. Una vez que se terminó la obra por la que había sido contratado, se quedó en esa ciudad del departamento San Justo por alrededor de 20 años. Y porque había conocido a Laura, con quien tuvieron dos hijos: Romina, la mayor, y Ulises, 10 años más chico.

“Con Ulises compartí desde que nació hasta el 1 de abril de 2008, cuando se fueron a vivir a Río Segundo. Recuerdo la fecha porque mi gran amiga, Laura, se me fue a casi 200 kilómetros –señala Celia Giorgis, actual intendenta de Seeber y primera jefa municipal en la historia de la ciudad-. Ulises siempre, desde chico, jugó al fútbol. Y sus papás siempre lo acompañaron. Laura fue mamá de Romina siendo muy joven y, cuando se casó con Huber, estaba estudiando para ser docente. Me acuerdo de que, cuando los papás de ella fallecieron, él se hizo cargo del supermercado familiar de los Scotta. Hasta que decidieron venderlo e irse a Río Segundo”.

A medida que los hermanos fueron creciendo, los planes familiares debieron mutar. A Huber le ofrecieron el trabajo que tiene actualmente –de camionero de distancias más cortas en Río Block’s, una empresa de venta de materiales de construcción-, a Romina le dieron ganas de estudiar la carrera que está a punto de terminar –le falta un examen para recibirse de profesora de educación física- y a Ulises se le multiplicaban las puertas para concretar su sueño de ser jugador de fútbol profesional. Por eso, no lo dudaron y se mudaron a Río Segundo.

“Nos vinimos a Río Segundo a emprender una nueva vida. En Seeber los dos teníamos trabajo, y acá nos vinimos con uno solo, el de mi marido. Pero decidimos venir porque mi hija se vino a estudiar a Córdoba, y para darle otra oportunidad en el deporte a Ulises. Yo, como soy docente, conseguí trabajando enseguida”, refiere Laura Scotta.

Y si sus papás tuvieron que adaptarse al mercado laboral, a Ulises le tocó repensar su agitada situación académica. Fiel a su estilo, transpiró la camiseta y logró completar sus estudios. Había hecho hasta 4º grado en su pueblo natal, en la escuela José Seeber. Después culminó el primario en el Víctor Mercante, de Río Segundo, donde hizo 5º y 6º. Y el secundario lo redondeó en tres instituciones: 1º y desde 3° hasta 5° año, en el Ipem 156 José Manuel Estrada, también de Río Segundo; el 2do año, en Santa Fe, mientras vivió en la pensión del “Rojinegro”; y el 6°, en el IPEM N° 305 Agrónomo Jorge Blacque Belair, de la localidad cordobesa de Costa Sacate.

La versatilidad con que encaró su vida, la trasladó también al campo de juego. Ulises Sánchez es un jugador comodín al que, a lo largo de su carrera, distintos entrenadores ubicaron en todos los sectores del campo de juego.

“En inferiores jugué siempre de extremo por izquierda o por derecha. Por lo general, jugábamos 4-3-3. Y, cuando jugábamos 4-4-2, jugaba de volante por afuera. Pero siempre arriba o al medio, por las bandas. Con Alfredo Berti, que no llegué a debutar, era extremo, tanto en los entrenamientos como en Reserva o la primera local. Con Julio Constantín debuté también como extremo. Cuando llegó (Ricardo) Caruso Lombardi, empecé a jugar de 4 un par de amistosos y medio que quedé más de 4 que de volante. Y, de un día para el otro, por esas locuras de Ricardo, jugué de 3, después de nuevo de 4 y de la nada me dijo que iba a ir de volante por izquierda. Más adelante, (Alejandro) Orfila y Guille (Farré) también me pusieron de volante, de interno, y con Guille juego bastante de lateral. Creo que todo pasa por mis características de juego, que me adapto, porque soy un jugador rápido y, si bien no soy el mejor marcando, soy agresivo en la marca. La verdad es que me gusta más jugar de volante, pero siento que de lateral también pude ayudar al equipo”, reflexiona.

Ayuda de y para el equipo. Eso fue lo que recibió en casa y eso es lo que quiere devolverle a una familia marcada por el fútbol y, por si no quedó claro, por el esfuerzo: “Tuve una infancia muy linda. De chico, nunca nos faltó nada porque mis viejos siempre trabajaron muchísimo. Mi familia es un pilar fundamental para mí. Sin ellos, yo no hubiera llegado. Mi viejo, mis tíos, mis primos, todos jugaron al fútbol y ninguno tuvo la oportunidad de llegar a Primera. Hoy tengo un primo, Bautista Scotta, que juega de extremo en Talleres y en 2021 estuvo en la selección argentina sub-17, pero ahora está lesionado y lo tuvieron que operar. La debilidad de la familia es mi sobrino Dylan, que tiene 8 añitos. Y, para mí, el día más triste de mi vida fue cuando murió mi abuela paterna, Emilia. Porque estuvo peleando durante dos años con un cáncer, y fue una guerrera: nos demostró a todos que en la vida hay que pelearla. Cuando debuté en Primera, estaba internada y cuando falleció, a los pocos días hice un gol”.

“Sólo con talento, no alcanza”, repiten los que de fútbol y de la vida la saben lunga. Ulises Sánchez parece haber escuchado ese consejo desde el vientre de su madre. Porque, además de idoneidad deportiva, desborda una obstinación que salpica al que le pase por al lado.

—¿Por qué creés que el hincha de Belgrano te quiere tanto?
—No sé muy bien. Creo que, de alguna manera, transmito lo que es la esencia de Belgrano, lo que el club les pide a sus jugadores y lo que el hincha reclama: tratar de intentar siempre, de ir para adelante, de no darse nunca por vencido.

Fuente Sitio www.lasaeta.com.ar

Autor de la nota: Andrés Mooney

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