Día de Nuestra Señora del Carmen

La advocación de Nuestra Señora del Carmen se origina en el Monte Carmelo (Israel), lugar donde según la tradición judeo-cristiana vivió el profeta Elías.
Fue el 16 de julio de 1251, cuando la imagen de la Virgen del Carmen se le aparece al superior general de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo (carmelitas), San Simón Stock, y le entrega un escapulario, prometiendo librar del castigo eterno a los que lo llevasen.

A partir de allí la devoción a la Virgen del Carmen se extendería por toda Europa y llegaría a América en el siglo XVI.

La Virgen del Carmen de Cuyo

La advocación mariana mendocina hace su aparición en el siglo XVIII, cuando Pedro de Núñez -caballero de gran fortuna y devoción, donó la imagen y todo lo necesario para el culto de la Virgen del Carmen-.

Esta imagen estuvo primero en el templo de los Padres Jesuitas pero en 1776, a raíz de la expulsión de la Orden, la imagen fue trasladada a la Basílica de San Francisco Solano, desde donde presidiría una de las más bellas jornadas de la historia de nuestra patria.

Patrona y generala del Ejército de los Andes

A partir del año 1814, San Martín hará de los pacíficos habitantes de Cuyo heroicos soldados forjadores de libertad y ellos necesitan una Madre que los ampare y de sentido a tanto sacrificio. Es de todos conocida la profunda devoción que el Libertador profesó a la Virgen y que lo hizo nombrarla generala del Ejército Libertador.

Tanta importancia dio al tema que lo decidió con su estado mayor: la devoción a la Virgen del Carmen estaba muy arraigada en Cuyo y casi todos los soldados llevaban su escapulario, eso sin dudas inclinó la balanza.
Es así que el 5 de enero de 1.817, San Martín le entrega su bastón de mando, la nombra generala, y hace bendecir también la Bandera de los Andes saludada por dianas y la banda con cajas y clarines, mientras rompía una salva de veintiún cañonazos, ante el ejército de gran gala y todo el pueblo de Mendoza.

Más tarde, después de sus triunfos, entregará definitivamente su bastón, esta vez en el silencio que acompaña a todo lo grande y dejando estas palabras:

“La protección que ha prestado al Ejército de los Andes su Patrona y Generala la Virgen del Carmen son demasiado visibles”.

Ambas reliquias, el bastón y la carta, se conservan hoy en el Camarín de la Virgen, en el templo de San Francisco, como mudos testigos de la parte que Ella tuvo en la grandeza de alma de nuestro Libertador. Siendo Generala del Ejército Argentino, junto a la banda, acompaña a la imagen nuestra bandera, como así también las banderas de Perú y Chile, al ser esta advocación Patrona de los dos países vecinos.

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